En Balcarce 50 vinculan las declaraciones de la senadora libertaria con una estrategia con miras a 2027. “No sé para qué sirve juntarse si no nos ordenamos”, se quejaron fuentes oficiales sobre las reuniones de mesa política.
En el Gobierno crece el malestar por los últimos desmarques públicos de Patricia Bullrich y comenzaron a aparecer también críticas internas al funcionamiento de la mesa política. En distintos sectores de la Casa Rosada cuestionan que la jefa del bloque libertario en el Senado exponga diferencias con la conducción y atribuyen parte de sus movimientos a una búsqueda de posicionamiento hacia 2027.
El último episodio se abrió después de que Bullrich asegurara que no había sido informada sobre los cambios en Discapacidad incluidos en el Presupuesto 2027, pese a haber participado de la reunión de la mesa política realizada pocas horas antes del envío del proyecto al Congreso. La senadora sostuvo que esa falta de información “resiente” la relación con los aliados.
En sectores del Ejecutivo reconocen que hubo un error de coordinación, pero cuestionan que Bullrich lo haya hecho público. “Nos equivocamos todos en general. Esto fue un error de coordinación”, admiten en Nación, donde sostienen al mismo tiempo que las diferencias deberían procesarse dentro del Gobierno y no a través de declaraciones públicas.
El episodio profundizó además las dudas sobre para qué sirve actualmente la mesa política. “No sé para qué sirve juntarse si no nos ordenamos”, cuestiona un funcionario de primera línea. En otros despachos describen el espacio como una instancia en la que los integrantes evitan anticipar decisiones por temor a filtraciones y tampoco exponen completamente sus planes.
La mesa se reúne con frecuencia semanal y está integrada por Karina Milei, Diego Santilli, Luis Caputo, Martín Menem, Patricia Bullrich, Ignacio Devitt, Eduardo “Lule” Menem, Santiago Caputo y Fabián Fernández. La reunión del martes se extendió durante casi tres horas y terminó poco antes de que el Presupuesto fuera enviado al Congreso.

Bullrich confirmó públicamente que los cambios sobre Discapacidad no se discutieron allí. “No nos enteramos, es la verdad”, sostuvo. También planteó que llegar al Congreso sin conocer el contenido de las iniciativas deja a los jefes parlamentarios expuestos frente a aliados y opositores.
Ese diagnóstico es compartido parcialmente puertas adentro. Funcionarios del Gobierno admiten que distintos sectores del oficialismo tampoco conocían el articulado y que el episodio desordenó la negociación que diputados libertarios ya mantenían con bloques dialoguistas para intentar acordar una salida sobre la Emergencia en Discapacidad.
La Casa Rosada busca ahora recomponer esa discusión. Cerca del armado legislativo anticipan que el oficialismo partirá de una posición más restrictiva, pero prevé ceder en algunos puntos para acercar posiciones con los aliados. La intención es evitar que el conflicto complique todavía más el tratamiento del Presupuesto.
En ese contexto, la decisión política es no responder públicamente a Bullrich. Funcionarios de primera línea consideran que abrir una confrontación directa con la titular del bloque oficialista en el Senado no tendría utilidad y agregaría tensión en un momento en el que el Gobierno necesita acuerdos legislativos.
Eso no elimina los reproches internos. En Balcarce 50 cuestionan que Bullrich se presente como ajena a los problemas de coordinación y recuerdan que el Senado también mantiene varias iniciativas oficiales pendientes de tratamiento. El planteo interno es que las responsabilidades por la demora de la agenda legislativa están distribuidas entre distintas áreas.

El malestar tampoco se limita a Discapacidad. En el Gobierno registran una secuencia de posiciones públicas diferenciadas de Bullrich en cuestiones económicas, endeudamiento familiar y funcionamiento interno. Esta semana también reclamó acelerar los resultados económicos y volvió a marcar diferencias en otros temas de la agenda oficial.
Algunos funcionarios interpretan esos movimientos bajo una lógica electoral hacia 2027. Sostienen que Bullrich busca conservar una identidad propia dentro de La Libertad Avanza y diferenciarse en determinadas discusiones sensibles. Se trata de una lectura interna del Gobierno y no de una estrategia reconocida por la senadora.
En la Casa Rosada rechazan además que exista un acuerdo para que Bullrich se desmarque deliberadamente con el objetivo de absorber malestar social. Cerca de Milei aseguran que el Presidente no busca habilitar una corriente interna que ponga en discusión su programa o la conducción política.
Dentro del oficialismo también circulan especulaciones sobre el lugar que Bullrich podría ocupar en el armado electoral de 2027, incluida una eventual fórmula presidencial, pero no existe una definición formal sobre candidaturas. Ese escenario es uno de los motivos por los que distintos sectores consideran inconveniente escalar ahora el conflicto.
La estrategia inmediata será dejar pasar las declaraciones y tratar de recomponer la coordinación interna. El episodio de Discapacidad dejó expuestas diferencias entre el Ejecutivo y sus bloques, reabrió cuestionamientos sobre el funcionamiento de la mesa política y sumó malestar por la forma en que Bullrich exterioriza sus desacuerdos, aunque por ahora el Gobierno no prevé convertir esa tensión en una ruptura pública.

